Y si me dices que hoy te vas,
nada quedará, más que un abrigo frío,
donde guardo en un lugar de sus bolsas ya rotas del desgaste del usar contra tanta ventolera de la vida al tropezar, una cajita,
modesto el decorar de sus esquinas,
resguardando con mi vida, el tesoro que con miedo de perder, cuido con fervor,
pues es tuyo y nadie debe tocarlo,
ni siquiera tú...
